Aunque para el mercado laboral son muchas veces “desechables”, la realidad e incluso la ciencia marcan algo diferente en relación a los “más” 45 y sus posibilidades para conseguir empleo o mantenerse en sus puestos.

En el mundo del trabajo, suelen hacerse, casi como una imposición cultural, asociaciones negativas de la edad con cuestiones como las enfermedades, dependencia o poca destreza intelectual. Sin embargo, como todo colectivo social, se trata de un grupo diverso y heterogéneo.

Sobre este tema le consultamos desde Norte Económico a José Blunda y a Victoria Pasquini, especialistas en Recursos Humanos.

Posturas

Blunda habló del “edadismo”, lo que refiere a la desigualdad de oportunidades por la edad, y confirmó que, en Argentina, como en muchas países del mundo, “es una cruel realidad”.

Basado en su experiencia y en las estadísticas, contó que ocho de cada diez búsquedas descartan a mayores de 46 años. Esta realidad no solo afecta a las personas en sí mismas, sino a toda la economía, teniendo en cuenta que hoy un cuarto de la población activa de Argentina tiene más de 50 años.  

A diferencia de años anteriores, el avance de la ciencia permitió al grupo de personas en cuestión mantenerse absolutamente vigentes tanto física como mentalmente y por lo tanto sumamente capacitadas para trabajar e incluso ocupar cargos de jerarquía.  

Respecto de las expectativas y las posibilidades reales de conseguir empleo, Blunda afirmó que “las personas que deciden seguir siendo productivas mediante el cuentapropismo, y el uso de sus capacidades, tienen muchas posibilidades. La experiencia nos juega como ventaja competitiva”.

Por el contrario, indicó que quienes trabajaron mayormente bajo relación de dependencia tienen pocas posibilidades y enfatizó: “Las consecuencias son devastadoras no solo a nivel económico, sino también a nivel anímico y social”.

Seguidamente el especialista dijo que la percepción negativa de la adultez está cruzada por prejuicios erróneos y compartió que la Universidad de Stanford demostró en uno de sus proyectos de investigación que los adultos tienen para aportar al ámbito del trabajo un alto volumen de conductas alineados con valores como ética y lealtad, promover cohesión de equipo, esto es: combatir el individualismo en un mundo que requiere más trabajo colaborativo.

Por todo lo dicho, recomendó reflexionar sobre el tema “para no quedar atrapados por prejuicios automáticos”; conversar con pares “e invitar a relativizar los pensamientos que relacionan a la edad adulta con connotaciones negativas y producen actitudes discriminatorias”; y finalmente, “aprovechar cada espacio de trabajo para invitar a los a quienes toman decisiones a abrir más y mejores posibilidades para los adultos en el mundo del trabajo”.

A su turno, Pasquini se refirió a la “Generación X”. Calificó a estas personas como “más independientes” y añadió que buscan equilibrio entre el trabajo y la vida personal. “Vivieron épocas difíciles y saben adaptarse a los cambios”, valoró.

Luego, sin caer en generalizaciones, admitió que “existen perfiles más resistentes al cambio, especialmente si se trata de nuevas formas de trabajar o de implementar tecnología en el lugar de trabajo”. Además, manifestó que “la Generación X puede enfrentar el desafío de encontrar formas de colaborar efectivamente con otras generaciones más jóvenes como Millennials y la Generación Z y saber aprovechar sus fortalezas”.

Además, consideró que si bien la experiencia es invaluable, la adaptabilidad es esencial. Conocedora del “paño”, explicó que “cada vez más buscamos profesionales que no solo tengan un historial sólido, sino también la capacidad de evolucionar con las tendencias del mercado. Esto puede representar un desafió para todos”.  

De cara al futuro, la profesional sostuvo que el panorama laboral será “muy desafiante” y opinó que la tecnología tendrá un papel clave: “No solo complementará las habilidades, sino que las amplificará creando espacios de trabajo más inclusivos, flexibles y llenos de posibilidades creativas”.

Para terminar, puso a la capacidad de crecer y apender por sobre la edad, argumentando que “las empresas valoran a aquellos que no solo tienen habilidades técnicas, sino también la capacidad de alinear sus valores personales con los de la organización. Y recuerden, en la era de la humanidad aumentada, cada uno de nosotros tenemos el poder de modelar no sólo nuestras propias carreras, sino también el futuro del trabajo”.